Negociaciones

Que la vida últimamente se basa en negociaciones no es nada nuevo. Hasta la cosa más simple pasa por una negociación. Ya desde pequeña negociaba con Dios (no es que yo sea especialmente creyente y mucho menos practicante) pero a él recurría cuando no había rascado bola ningún día y tenía un examen justo a la mañana siguiente, viendo los resultados de mi negociación es algo que no cambié con el paso de los años y examen tras examen me pasaba la noche antes en vela intentando meter algo de sabiduría dentro de mí, me auto convencí de que bajo presión estudiaba mejor para al menos no sentirme tan culpable.

Un poco más mayor me encontraba negociando las horas de salida y entrada a casa con mis padres, que a decir verdad nunca tuve mucha queja porque según mis amigos eran los padres más enrollados, ellos nunca me pusieron hora de entrada (con los años me dí cuenta de que aunque me dejasen salir hasta las 5 de la mañana con 18 años de nada servía si mis amigos a la 1 estaban en casa, es algo que me apuntaré para cuando lo tenga que aplicar jajaja), siempre nos hacían de taxistas para llevarnos a casa (otra cosa que me dí cuenta más tarde de que era para ver en qué estado íbamos cada uno, y después de ver todo lo sucedido con el juicio de la chica de Pamplona, para asegurarse de que todas llegábamos sanas y salvas a casa)

Unos cuantos años más tarde ya en el mundo laboral y cuando apenas se empezaba a oir eso de la crisis, las negociaciones fueron cambiando a las de una empresa en suspensión de pagos que no sabe ni por donde respirar ni qué hacer con sus empleados. Después de unos cuantos meses (más de medio año) sin cobrar un duro las cosas no salieron tan mal y otra empresa mucho más grande y mucho más solvente se apiadó de todos nosotros y nos solucionó la vida.

Y ya cuando ya casi había negociado todo lo negociable me adentro en el mundo de la vida en pareja y la maternidad en el que ahí las negociaciones ya llegan a su estado máximo, todas las negociaciones que hayas tenido a lo largo de tu vida se quedan en nada, todas las noches que te han quitado el sueño pensando en esas negociaciones de los días siguientes ahora te dan la risa, y no me voy a adentrar en las negociaciones de la vida en pareja en plan quien lava los platos, quien tiende la ropa y un largo etc porque este sería el post más largo de la historia; las negociaciones que se están llevando la palma de las palmas son las que mantenemos desde que vino nuestro ratonín, cada una de ellas a más ridícula que la anterior pero que puede desencadenar en una tormenta al más mínimo movimiento en falso.

Ya en el hospital nos debatíamos a ver quién cambiaba el siguiente pañal, ahí he de decir que más por miedo que por comodidad, porque el ratonín era la cosa más pequeña y perfecta que habíamos visto y teniendo en cuenta de que ni el padre ni yo habíamos tenido nunca ningún bebé en brazos aquello era un trabajo de alto riesgo y eso de tener que cogerlo de la cuna y llevarlo al cambiador para cambiarle el pañal era igual que ir pisando un campo de minas.

Tiempo más tarde, el bendito día que decidí quitar la teta (nos venden una maternidad últimamente de proteta, procolecho, problw, que si no perteneces a esa secta eres una mala madre), nos encontramos negociando los biberones, y digo bendito día porque cada vez que N se ponía a llorar venía su padre con él para que me lo pusiese a la teta, puede llorar de cualquier otra cosa y no de hambre pero era engancharlo a la teta y se quedaba tan tranquilo, he llegado a la conclusión de que mi teta era su chupete, así que después de una dura negociación entre el padre mi teta y yo hemos decidido que biberón era mucho mejor, yo me crié a biberón, mis sobrinos más de lo mismo, y ninguno hemos salido con ninguna tara (al menos que sea reconocible con papeles médicos jajaja).

Así que las negociaciones cambiaron a N llora por la noche tiene hambre, te levantas tú?, y qué casualidad que N por las noches emite un sonido que solo escucha su madre, alguna vez he intentado hacerme la loca a ver si el padre acababa despertando pero era más factible que despertasen los vecinos antes de que él se enterase, así que esa negociación siempre fue una batalla perdida.

Ya superadas las noches enteras durmiendo del tirón las negociaciones van cambiando según N va haciéndose más mayor y va teniendo su propia rutina. No hay bendito día que duerma más de las 7 de la mañana, y me pilló por sopresa el primer día que no tenía que madrugar para ir al curro que las negociaciones a esas horas de la mañana no son buenas, después de un largo tira y afloja conseguí quedarme en la cama y que el padre bajase para el salón ya de buena mañana con él, pero de nada sirvió después de estar más de media hora negociando entre los 3, porque el padre y yo teníamos lo nuestro, pero N se dedicaba a estirar el brazo desde la cuna para pegarme manotazos en la cara en plan de venga mamaaaaa!!!! que ya es hora!!! para pasar a tirarme los peluches encima al ver que me separaba un poco para que no me alcanzase. Así que esta batalla fue ganada a medias, porque después de todo ese guirigay acabe en la cama espabilada del todo y levantándome a la media hora después de dar vueltas y más vueltas a ver si conseguía dormir.

Una cosa aprendida es que las negociaciones los días que no trabajo por la mañana tienen que ser la noche antes.

Y ahora que N va teniendo su propio temperamento y sus propias manías me encuentro negociando a otro nivel, en el que cada una es un propio reto a la fuerza mental. Las negociaciones con la comida es algo que me puede, pasó de comer todo lo que le ponías por delante a meter miguita a miguita en la boca, si lo que le intentas dar es más grande que el tamaño de un grano de sal ya lo tiene que sacar y guarrearlo con la mano hasta que después de que sus pantalones, camiseta, pelo, cara y demás ya se lo hayan comido casi todo y decida que es hora de metérselo en la boca.

Pero las negociaciones más duras últimamente son las que tenemos de buena mañana cuando él decide que las 8 de la mañana es buena hora para ponerse a tirar todos sus juguetes al suelo para que hagan ruido y entrar en un bucle de 10 min seguidos haciendo lo mismo, los vecinos deben de estar de este bendito niño hasta los mismísimos…, así que después de quitar toooodo lo que hace ruido y dejarle juguetes de poca chicha que ni suenan ni tienen gracia ni nada de nada, tenemos la batalla diaria de abrir los armarios del salón y esconder todo lo que pilla dentro, pero como sabe de sobra que no puede se hace disimuladamente, va tirando la pelota hasta el armario a la vez que mira de reojo de lado a ver si lo estás mirando porque realmente él no tiene la culpa de ir para allí es la pelota la que se va y tiene que ir a por ella.

Después de irme por los cerros de Úbeda 20.000 veces me he dado cuenta de que me parezco más a mi madre de lo que pienso, que para contarte algo que se resumía en 5 sg te ponía en situación durante más de 5 min. Y esto venía a que hoy es una de esas mañanas que he perdido la negociación de ayer de la noche y me encuentro en el salón de mi casa desde las 7 de la mañana con baby tv de fondo y riñendo a este niño cada vez que me abre una de las puertas del armario del salón y me mete dentro desde sus zapatos, bloques de madera, el mando de la tv y un largo etc que el día que no encontremos algo ya sabemos donde ir a mirar primero.

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